I Congreso Internacional de Geografía Política (CIGP) “El orden internacional en disputa”

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El Portal Coordenadas y el Observatorio Geohistórico del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Luján (UNLu) invitan al I Congreso Internacional de Geografía Política (CIGP), que se desarrollará en la ciudad de Luján entre el 28 de octubre y el 8 de noviembre de 2024. El evento integrará las modalidades presencial y virtual, con el fin de conectar a especialistas de diferentes regiones del mundo.

EL “REGRESO” DE LA GEOGRAFÍA. EL ORDEN INTERNACIONAL EN DISPUTA

1) El “regreso” de la geografía, bajo su forma más material, es decir como geopolítica, es la completa refutación de las dos coordenadas ideológicas de los últimos 40 años: globalización y neoliberalismo.

2) El “Orden de Posguerra”, surgido de la definición de la Segunda Guerra Mundial, implicó la subordinación del mundo europeo (occidental) al capitalismo (imperialismo) estadounidense. Esto forzó la descolonización del hoy llamado “Sur Global”, en concreto la geografía asiático-africana. Un proceso análogo se vivió en la geografía política latinoamericana. Esta conoció su alumbramiento en el temprano ascenso inglés, hecho que reconfiguró la periferia colonial latinoamericana cuando ese ascenso inglés dirimió fuerzas con la Francia posrevolucionaria.

3) Ese Orden de Posguerra se sostuvo en la imbricación de las tres geografías históricas imperialistas, ahora “dirigidas” por el imperialismo estadounidense. Este trípode con vértice estadounidense fue el prólogo de la llamada “globalización”. A ese proscenio se lo conoció como la emergencia de la era de la “Transnacionalización”, que se “convertiría” en “globalización” tras la crisis de los 70, primero, y definitivamente tras “1989”.

4) Pero la crisis de los 70 es el comienzo del largo fin de ese Orden de Posguerra, y se lo vive a través del epifenómeno del cierre de los Treinta Gloriosos, que reflejaron el “círculo virtuoso” de la reconstitución tras la Segunda Guerra. Esa funcionalidad del trípode queda expresada en los “Milagros” de la Posguerra, tanto el alemán como el japonés.

5) En el ámbito de la Periferia, los 70 marcaron el límite para las experiencias desarrollistas que habían sido fruto de la inmediata Posguerra. Este quiebre se produjo entre mediados de los 70 y comienzos de los ochenta, entre la llamada “Crisis del Petróleo” y la crisis de la deuda latinoamericana.

6) En el marco de Europa Occidental, la crisis de los 70 cerró la vida de las Dictaduras del sur: Portugal, Grecia y España fueron puestas “en línea” con la política clásica “modélica” de la Europa Occidental. Estos hechos derivaron en el último arresto de la descolonización del África Portuguesa, que ofició de preámbulo del fin del apartheid sudafricano producido unos quince años después como consecuencia de la definición de la guerra de Angola y la decisiva intervención cubana durante los 80 y el golpe definitivo del fin del mundo bipolar.

7) Pero el corazón de la crisis se hallaba en las geografías imperialistas y, centralmente, en la geografía imperialista norteamericana. La reproducción ampliada de esta última geografía se labró a través de un proceso de suburbanización interior, el despliegue de la industrialización inducida en América Latina (desarrollismo), el determinante proceso de transnacionalización que enlazó a la geografía imperialista norteamericana con los otros dos centros históricos de génesis imperialista, Europa Occidental y Japón, así como el inocultable desarrollo del “keynesianismo militar” del “Complejo Militar Industrial”, un elemento inseparable de la materialidad imperialista.

8) De la crisis se “sale” a través de un par de fenómenos que alcanzaron nombres identitarios: “globalización” y “neoliberalismo”. Los dos han sido respuestas a la crisis de sobreacumulación. El primero, un salto cuanti-cualitativo en la escala de los procesos, podríamos decir, en un salto en la mundialización. El segundo, una vuelta de tuerca al interior de cada uno de los espacios nacionales. Tanto en el primer caso, agudización de la mundialización, como en el segundo, un abandono (aparente) de la heterodoxia keynesiana, la esencia del proceso es un incremento de la explotación de los trabajadores. Indirectamente mediante la “globalización” y directamente a través de la panoplia de los ajustes en la periferia o la austeridad en las geografías imperialistas.

9) La crisis de los 70, en suma, abrió una era de erosión industrial en los viejos centros imperialistas a favor de un proceso de deslocalización que se esparció sobre ciertas geografías de las periferias. Pero contra la pueril descripción de una pretendida mundialización inmaterial lo que se ha vivido fue una serie de procesos de regionalización que dieron forma cabal al proceso de deslocalización industrial de los centros imperialistas.

10) El Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y la Unión Europea son las dos formas más nítidas de los procesos arriba aludidos. El tercer ejemplo fue la “correlación” de Japón con su periferia inmediata, que ofició de tándem productivo-comercial exitoso.  Esta etapa abarca, aproximadamente, un cuarto de siglo, y se extendió hasta la “Crisis Asiática” de 1997.

11) La crisis del año 1997, la “Crisis Asiática” o el efecto “Arroz”, tuvo una repercusión de magnitud. Fue el punto de partida de un lustro de conmociones económico-financieras y políticas, como las que tuvieron por protagonista mayúsculo a América Latina, región en la cual la crisis argentina del año 2001 fue suficientemente elocuente, meridianamente pedagógica.

12) Pero esta crisis de 1997 tuvo repercusiones mucho más importantes, decisivas, sobre todo en el propio escenario en el que se incubó y desenvolvió originariamente, el este de Asia. Concretamente allí asistimos a la quiebra de un mecanismo de “acoplamiento” virtuoso entre los tigres y el Japón, un engranaje que funcionó a la “perfección” durante más de dos décadas. Esta “asociación” estrecha se había vuelto muy dinámica durante la ofensiva estadounidense contra el Japón, a partir de las políticas emanadas del Acuerdo del Plaza. Una consecuencia determinante de estos sucesos fue el definitivo ascenso de la potencia exportadora china.

13) Claro que en términos geopolíticos no se puede omitir la estratégica importancia de la “Caída del Muro”. Europa Oriental y la ex URSS se conmovieron por este proceso, produciéndose una redefinición del marco europeo en sí mismo y del escenario internacional en su conjunto también. La ampliación del proceso de integración en marcha en Europa Occidental, por un lado, y la casi inmediata ofensiva de la OTAN por expandirse por Europa Oriental, por el otro. La URSS, por su parte, se disolvió, y toda su periferia se independizó; hablamos del Asia Central, el Cáucaso y la Europa Oriental contigua.

14) Asimismo, casi de forma inmediata los EE.UU. procedieron a desatar una ofensiva política de vasto alcance geográfico, comenzando en Medio Oriente y los Balcanes y extendiéndose luego al Cáucaso y Asia Central, culminando, finalmente, con la abierta intervención en Medio Oriente y África del Norte, que implicó entonces un límite a este período de ininterrumpida iniciativa político-militar.

15) La crisis de 1997 también fue la antesala de la crisis financiera de 2008, y esta última equivaldría a un colofón de la retahíla de crisis económico-financieras internacionales abiertas por lo menos desde 1971/1973. Esta crisis de 2008 expresó los límites alcanzados por la “salida” a la crisis de los años 70. La “asiatización” fue la clave geográfica de dicha “salida” y quedó expresada rotundamente en el acoplamiento económico-comercial del Japón con su periferia inmediata, los llamados “Tigres”. A partir de la crisis de 1997, será la propia expansión china la que “marcará el campo de juego” regional e internacional. Este último período entrará en crisis a partir del año 2008.

16) La crisis de 2008 es la que también alumbró el “regreso” de la geopolítica. Fueron los EE.UU. de Obama, con su pivote asiático, partero de esta nueva época. La China de Xi responderá, dos años después, con la Iniciativa de la Franja y la Ruta, conocida vulgarmente como la “Nueva Ruta de la Seda”. Estas dos directrices de política internacional en su sentido más lato, es decir, geopolítico, es lo que mejor expresa los constatables límites que había alcanzado la temprana y otrora “resolución setentista”.

17) La crisis fue también el escenario del reposicionamiento de Rusia en el sistema internacional. Su participación en Georgia, en el conflicto de Osetia del sur, fue el punto de partida de un activismo que ya no abandonaría. Ello fue seguido de la definición del conflicto en Chechenia antes de abandonar la primera década del siglo. Luego vendrían la cuestión de Crimea en el año 2014 y su participación determinante en Siria en el año 2015. Finalmente, la plena irrupción en Ucrania, con un enfrentamiento que se encuentra en desarrollo, y que coloca a Rusia confrontando casi abiertamente contra la OTAN.

18) La guerra en Ucrania expresa de un modo abierto los límites que había alcanzado el período que nació con la “Caída del Muro”. La actual acción rusa es claramente reactiva a las profundas consecuencias que acarrearon los sucesos de 1989, es decir, el advenimiento de un pretendido “Orden Unipolar”.

19) La cuestión de Ucrania y la de Taiwán son la expresión concreta de una modificación importante del statu-quo internacional. La presión estadounidense se verificó en los últimos treinta años en los bordes de la extinta URSS y de China, en sus periferias: los Balcanes, Medio Oriente y Asia Central. La salida de Afganistán en el año 2021, luego de dos décadas de ocupación, por parte de los Estados Unidos es un indicador de que la presión ahora se dirige directamente sobre los flancos inmediatos de los dos grandes países de Eurasia. Ello implica un salto cualitativo de la tensión internacional. La Tercera Guerra Mundial o la Guerra Mundial Híbrida son denominaciones que aparecen frecuentemente a la hora de definir los alcances de la contienda a la que asistimos. Tanto la guerra en Europa como el probable conflicto en el estrecho de Taiwán son dos episodios que desafían el orden establecido desde la Segunda Guerra Mundial y sus consecuencias inmediatas y mediatas.

20) Nos enfrentamos a un momento de significado histórico, en el que varios tiempos están siendo cuestionados. Es evidente que los tiempos de la “globalización” han entrado en abierta crisis. El segundo tiempo que se “cuestiona” es el que se inició con la crisis de los años 70. La crisis de aquellos años cuestionó las bases materiales producto del desarrollo de la Posguerra, y las guerras en Medio Oriente estuvieron implicadas en el sentido de la salida que pretendió dársele a esa crisis. Es esta misma crisis la que expresa, también, los límites de los procesos del “socialismo realmente existente” en Europa Oriental en Asia Oriental (China).

21) La crisis de los años 70, concretamente, se sorteó a través del impulso decisivo de la asiatización de la economía mundial, del traslado del centro de gravedad de la industria a Oriente. Este proceso se sustanció en dos períodos claramente definidos: el primero, que se desarrolló entre la Crisis del Petróleo (1973) y la Crisis Asiática (1997), y luego un segundo momento que va desde ese último año hasta la crisis financiera internacional del año 2008. Con la crisis de 1997 se cierra el período de la expansión nipona; con la crisis de 2008 se manifiesta la definitiva expansión de China.

22) El tercer tiempo histórico que aparece en cuestión da una idea de los tectónicos movimientos que estamos presenciando: se habla de la decadencia de Occidente, como producto secundario de la declinación de la potencia que ha significado la culminación del desarrollo occidental, Estados Unidos. Por todo ello se habla de una crisis definitiva de esa modernidad, es decir, hablamos de una historia de medio milenio.

23) En resumen, asistimos a una manifestación rotunda, vibrante, de eso que se ha denominado el “desarrollo desigual y combinado”, una manifestación cabal de la época imperialista. Alemania y Japón fueron ejemplos evidentes de ello en la inmediata Posguerra. La oclusión nipona desde los años noventa ha sido otra muestra de ello. Finalmente, China, con su vertiginoso ascenso es una irrefutable prueba de este mecanismo de explosiva asociación del desarrollo capitalista avanzado, es decir, imperialista.

24) Por supuesto, nada de ello se compadece con la aparente aproximación a lo que se ha pretendido decir que es el neoliberalismo o la globalización. Neoliberalismo y globalización, uno y otro, se encuentran directamente cuestionados por el ascenso chino, que es un producto de las explosivas condiciones generadas por la acumulación de capital en la época imperialista.

25) La crisis de los años 70, una expresión de un temprano agotamiento de la materialidad del Orden de Posguerra, encontró cauce en la profundización asiática del curso de la historia contemporánea, y China es el epítome de esos acontecimientos. Y desde la crisis del año 2008 presenciamos los límites que ha alcanzado, ahora, tal proceso. El intento de cerco, primero, y desarrollo ahora de una confrontación por parte de Estados Unidos, ha recibido por respuesta china el intento de proyectar su poder a través de la continentalidad euroasiática, lo que significa un reto real para la hegemonía de la potencia norteamericana.